La ciencia explica por qué tu coche negro se convierte en un horno real
A todos nos ha pasado que dejamos el coche estacionado un ratito para ir al súper y al regresar el calor interno nos da un golpe directo en la cara. Este fenómeno no es mala suerte ni una exageración tuya; es ciencia pura y tiene que ver directamente con la forma en que los colores de las cosas interactúan con la luz del sol.
Tal como lo reveló un detallado estudio expuesto por Uno TV, el Real Automóvil Club de Cataluña comprobó que un coche negro puede alcanzar temperaturas peligrosas de hasta 80 grados en su interior. Esto pasa porque el color negro absorbe toda la luz visible y la radiación infrarroja del sol, transformando esa energía luminosa en calor atrapado dentro de la lámina.
Por el contrario, los carros pintados de color blanco llegaron apenas a los 63 grados en las mismas condiciones climáticas. El blanco, al ser la suma de todos los colores, tiene la propiedad natural de reflejar la mayor parte de la radiación, evitando que la superficie exterior se cocine bajo el sol y manteniendo el interior más rescatable.
Los investigadores también descubrieron que este calentamiento es tan eficiente que ocurre casi por completo en los primeros 20 minutos de exposición directa. Por eso, no importa si solo te bajas rápido a la tienda; si tu coche es negro, azul marino o gris oscuro, se va a calentar de volada provocando que el volante y los asientos estén listos para incomodarte.
Aunque cambiar el color de tu carro no va a desaparecer los intensos días de verano, sí que representa una ventaja enorme para mejorar el confort de tus viajes cotidianos. Si estás planeando renovar tu coche y sabes que pasará mucho tiempo bajo el sol, vete por tonos claros como el blanco o el plata y ahórrate el sufrimiento de viajar en un horno.
